Quemarse a la sombra

Los que tenéis la suerte de lucir unos fototipos que no os asemejan a los vampiros, nunca habréis experimentado lo que es quemarse en la sombra. Los que tenemos la desgracia de “vestirlos”, conocemos muy bien los efectos de la “radiación ultravioleta difusa”.

Aprovechando mi primera quemadura solar de la temporada, quiero rescatar un artículo que, aunque lleve publicado casi un año, creo que no se le ha dado suficiente difusión y el tema que trata me parece importantísimo, y más en este verano que acabamos de estrenar.

El trabajo en cuestión nos llama la atención sobre el hecho de que los mensajes de fotoprotección que recibimos de los medios de comunicación y que transmitimos a nuestros pacientes hacen hincapié en la protección de la radiación solar directa, producida de forma aguda, con el fin de evitar la quemadura solar. Estas recomendaciones se basan en la asunción de que la mayor parte de la radiación solar que recibimos procede de la exposición directa.

Mediante la creación de un modelo informático y utilizando datos de la Agencia Suiza de Meteorología, los autores estudian los diferentes componentes de la radiación solar (directa, difusa y reflejada) que recibe una persona en diferentes situaciones: días de verano, de invierno, nublados, despejados, persona estática, en movimiento… De esta forma, han observado lo siguiente:

  • La radiación reflejada es marginal, pues constituye entre el 0,1 y el 3 % de la radiación total recibida en el año. Solo es significativa en situaciones muy concretas, como días despejados con el suelo nevado.
  • La radiación directa solo contribuye de forma significativa durante determinados momentos del año y en determinadas partes del cuerpo,  aquellas más “horizontales”, como los hombros o el vértex. Si la exposición no es estática, dichas zonas reciben menos radiación.
  • La radiación difusa constituye el 80% de la exposición solar anual.

Me ha llamado la atención esta figura del artículo

Patrón de exposición diario en la cara durante diferentes días

Patrón diario de exposición en la cara durante (a) un día despejado de verano (13 de junio de 2009), (b) un día despejado de otoño (7 de octubre de 2009), (c) un día despejado de invierno (19 de diciembre de 2009) y (d) un día nublado de verano (15 de junio de 2009). SED, dosis estándar de eritema.

En ella se muestra que durante la mayor parte de un día nublado de verano (d) la radiación solar que se recibe es la misma que en un día soleado (a), pues la menor radiación directa se compensa con una mayor radiación difusa.

Esto no quiere decir que no tengamos que protegernos de la radiación directa, pues la quemadura solar está fuertemente relacionada con el desarrollo de melanoma, el cáncer de piel más agresivo. Pero debemos recordar que los cánceres cutáneos más frecuentes, el basocelular y el epidermoide, se asocian con la exposición solar total (el basocelular, también se asocia con el daño solar agudo).

Por eso y con los datos de este y otros estudios en la mano debemos incluir en nuestros consejos mensajes para desterrar la falsa idea de que en verano, a la sombra o cuando una nube tapa el sol, no estamos recibiendo radiación ultravioleta.

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Acerca de César Alameda

Padre (x2) y marido (x1). Médico de Familia. Aprendiz de todo. Maestro de nada.
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